fibra optica

Fibra. Esa palabra mágica que hasta hace poco tiempo era sinónimo de buen tránsito intestinal, y que ahora todos deseamos para nuestro hogar. Promesas de una velocidad de conexión de infarto, mucho más allá de lo que permite el ADSL. El cambio en las infraestructuras de red de los operadores ha llevado la fibra óptica a un gran número de casas españolas, e incluso se ha empezado a desplegar a gran escala las ofertas de 300 megas de fibra simétrica. Pero… ¿Realmente merece la pena apostar por esta tarifa? ¿Compensa pagar unos euros extra cada mes? ¿Es posible conseguir estas velocidades con nuestro ordenador o con la conexión WiFi? Intentamos poner un poco de luz para que puedas decidir si merece la pena instalar la fibra de alta velocidad.

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La tarifa de 300 megas simétricos se ha hecho muy popular en los grandes operadores. Tanto Movistar como Vodafone u Orange ofrecen esta tarifa como un atractivo principal para atraer clientes. Eso sí­, como es evidente, el primer paso es que te asegures de que tienes cobertura en tu casa para poder hacerte con esta conexión. Cada operadora tiene su propia cobertura, de modo que en muchas zonas se puede disfrutar de fibra de una o dos compañí­as pero no del resto.

Ahora bien. Ya te han dado el visto bueno. Pero eso no significa que tengas que lanzarte enseguida a por la fibra de 300 megas. Mejor ten en cuenta estos puntos antes de contratar esta tarifa:

Tarjeta de red

1. Revisa tu tarjeta de red

Es un paso clave. Muchos ordenadores algo más antiguos (o menos potentes) tienen una tarjeta de red que no acepta velocidades mayores de 100 megas. Para asegurarte de que tu tarjeta admite velocidades de hasta 1 Gbps Gigabit Ethernet, puedes comprobarlo en Windows en el “Centro de redes y recursos compartidos” del Panel de Control, y revisar el apartado “Velocidad”. En caso de que tu tarjeta no alcance más allá de los 100 mbps, tendrás que comprar una nueva tarjeta de red o plantearte si merece la pena el cambio.

2. El cable, también importante

Si te vas a conectar a través de cable, tienes que asegurarte de tener en tus manos un cable Ethernet de tipo Cat5E o superiores. Normalmente, las operadoras suministran este tipo de cables a la hora de desplegar la fibra. En caso contrario, tendrás que hacerte con un cable compatible con alta velocidad. Como podemos apreciar, este es el inconveniente menos serio ya que supone poco trastorno.

Adaptador WiFi AC

3. Si te vas a conectar a través de WiFi, asegúrate de que tu equipo es compatible con WiFi AC

WiFi AC es un nuevo protocolo de red compatible con el ancho de banda de 5 GHz, necesario para poder alcanzar velocidades de 300 megas. Muchos portátiles y ordenadores modernos, además de smartphones y tabletas, ya tienen compatibilidad con este protocolo. Pero es cierto que un gran número de modelos quedan fuera de esta compatibilidad. Traducido a cifras reales, eso significa que con un portátil con versiones anteriores de WiFi (y con el ancho de banda de 2,4 GHz) solo conseguiremos velocidades de unos 70-80 mbps aproximádamente.

4. Los adaptadores USB, solo por USB 3.0

Una de las soluciones que nos dan varios fabricantes en el caso de no tener conexión WiFi AC es comprar un adaptador USB que nos permita conectarnos al ancho de banda de 5 GHz. Pero cuidado, este adaptador se quedará en nada si no lo conectamos a un puerto USB de tipo 3.0. Es verdad que la inmensa mayorí­a de PC y portátiles ya cuenta con puertos de este tipo, pero si solo tenemos uno de ellos (como ocurre con muchos portátiles) tendremos que sacrificar el uso de otros periféricos como un disco duro portátil de alta velocidad.

Estas son algunas de las cuestiones que se deben tener en cuenta antes de contratar una tarifa de fibra de 300 megas. Además, también hay que pararse a mirar el uso real que hacemos de Internet. ¿Lo usas solo para navegar y ver páginas web? ¿O por el contrario descargas archivos a menudo o tienes algún servicio de ví­deo a la carta como Netflix? Es probable que para tu uso habitual te baste con fibra de 50 megas, o incluso con la propia ADSL.

¡Que no te den gato por liebre!

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