
Los teléfonos móviles, los smartphones y muchos otros dispositivos móviles están convirtiéndose casi en indispensables en la vida de muchas personas. Los consumidores los utilizan no sólo para hablar, sino también para enviar mensajes cortos y para navegar por Internet. Las tarifas y los planes cada vez son más complejos y difíciles de entender. Esto causa mucha confusión entre los usuarios y los coloca en una situación delicada que los convierte en víctimas fáciles de llevarse un susto cuando llega la factura del móvil.
La FCC (Comisión Federal de Comunicaciones), que es el regulador estadounidense, se ha dado cuenta de la frágil posición del consumidores de telefonía móvil. La FCC se basa en las reclamaciones por facturas de móvil abultadas que recibe. Tan sólo en la primera mitad de 2010, ha atendido 764 reclamaciones de este tipo, de las cuáles el 67 por ciento eran relativas a cantidades superiores a cien dólares (unos 72 euros), y una quinta parte eran por más de mil dólares (unos 720 euros).

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Los operadores móviles que operan en Estados Unidos se oponen a esta propuesta, alegando que ya ofrecen mecanismos de gestión del consumo a sus clientes que, si quieren, pueden usar. La cuestión es que no todos los usuarios saben lo suficiente para utilizar esos medios. Si la propuesta de la FCC triunfara, esos consumidores poco duchos en las nuevas tecnologías disfrutarían de una barrera más de protección.